
El Waterloo europeo y la Liga de los Pueblos Libres: la insubordinación de Artigas frente al centralismo porteño en 1815
Pasado de revoluciones
El historiador Mariano Cabral presentó su columna semanal “Pasado de Revoluciones” en diálogo con Sergio Centenaro, estableciendo un paralelismo histórico a partir de la caída de Napoleón Bonaparte y los acontecimientos políticos de 1815 en las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Cabral propuso analizar la resistencia del litoral y el surgimiento del artiguismo frente al centralismo de Buenos Aires. El docente explicó que se libraba una disputa de carácter político por definir “cuál era el carácter que debía tomar la revolución”. Según señaló, las opciones se debatían entre ampliar la participación popular y la democracia, o subordinar los pueblos del interior a la conducción porteña.
Cabral aclaró que José Gervasio Artigas no concebía la creación de un país independiente de las Provincias Unidas. Por el contrario, su movimiento representaba “la insubordinación de una porción de las Provincias Unidas a la conducción ejercida por Buenos Aires”. El conflicto político eclosionó en 1811 con la insurrección de la Banda Oriental, período en el cual Artigas viajó a Buenos Aires a solicitar auxilio militar y económico. Tras la derrota de Manuel Belgrano en Paraguay, el gobierno porteño le ordenó sumarse al movimiento oriental, combatiendo formalmente Artigas bajo las órdenes del prócer creador de la bandera.
La campaña derivó en el sitio de Montevideo tras el combate de las Piedras, el cual concluyó abruptamente por un armisticio firmado entre Buenos Aires y los realistas. Este acuerdo de paz fue denunciado por Artigas como una traición, provocando su retirada en un proceso histórico conocido como “el éxodo oriental o también la redota”. Cabral precisó que este desplazamiento movilizó a unas 11,000 personas, una cifra sumamente de destacar si se considera que Montevideo contaba con apenas 10,000 o 12,000 habitantes en la época. En la zona de frontera, se unieron al contingente numerosos voluntarios de la provincia de Misiones, entre los cuales se destacó “el famoso Andresito Artigas o Andrés Guacurarí o Guaçurarí”. El historiador remarcó que el Libertador José de San Martín nació en Yapeyú, territorio entonces perteneciente a las misiones, por lo que “San Martín no nace correntino, nace misionero“.
El enfrentamiento entre Artigas y la administración de Buenos Aires escaló tras el rechazo de los diputados orientales en la Asamblea del Año XIII. Cabral expuso que esta exclusión, liderada por Carlos María de Alvear, respondió al temor de que se alterara el equilibrio de poder en beneficio de las provincias y se trasladara la capital fuera de Buenos Aires. El rechazo de sus representantes empujó a Artigas a profundizar las campañas militares contra las guarniciones porteñas, logrando consolidar su control en el litoral tras fusilar al jefe militar Bernardo Pérez Planes por cometer atrocidades. Finalmente, en 1814, este proceso culminó con la creación de la Liga de los Pueblos Libres, integrando a la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y, posteriormente, Santa Fe.
Cabral vinculó este proceso con el convulsionado escenario europeo, donde el retorno de Napoleón durante los denominados “100 días” culminó en la batalla de Waterloo de 1815. Este hito coincidió con la celebración del Congreso de Oriente o de Arroyo de la China en la actual Concepción del Uruguay. El historiador cuestionó dos “errores que comete el revisionismo contemporáneo” al asegurar de manera insostenible la existencia de una declaración formal de independencia en 1815, así como la hipótesis de que San Martín fuese hijo ilegítimo de Diego de Alvear. Cabral caracterizó a 1815 como un año de inmensas incertidumbres, marcado por el exilio de Simón Bolívar y el repliegue patriota tras el desastre de Rancagua en Chile, lo que obligó a San Martín a reconfigurar su cruce de los Andes con fines de combate directo.
A modo de cierre y retomando la crítica de Centenaro hacia el periodismo, Cabral expuso un ejemplo sobre el oportunismo de la prensa parisina en 1815. El historiador leyó los títulos del periódico Le Moniteur Universel a medida que Napoleón avanzaba desde su exilio en la isla de Elba hacia París, reflejando cómo cambió la adjetivación según la proximidad del líder al poder. El 7 de marzo de 1815 el medio tituló: “el ogro de Córcega acaba de desembarcar en el Golfe-Juan”. Al día siguiente, la tónica varió a “el tigre ha llegado a GAP” y el 9 de marzo a “el monstruo ha pasado la noche en Grenoble”. Con el transcurrir de las jornadas, el tono continuó moderándose, registrándose el 12 de marzo que “el tirano ha pasado por León”, y el 16 de marzo que “el usurpador se halla a 40 leguas de la capital”.
En los tramos finales del avance napoleónico, los epítetos descalificadores desaparecieron por completo. El 17 de marzo, el matutino tituló “Bonaparte avanza a grandes pasos, pero no entrará jamás en París”, seguido el 19 de marzo por “Napoleón estará mañana al pie de nuestras murallas”. El 20 de marzo la publicación ya se refería a él de manera solemne con “El emperador ha llegado a Fontainebleau”. La metamorfosis editorial concluyó el 21 de marzo con la frase: “su majestad imperial ha hecho su entrada en el día de ayer al Palacio de las Tullerías en medio de sus fieles súbditos”. Centenaro y Cabral coincidieron en que este comportamiento revela que el oportunismo de ciertos comunicadores no constituye un fenómeno novedoso en la historia.



