
Luis Machín: «Un chiste sobre suegras puede ser una forma de empatizar con un asesino de mujeres»
Entrevista
El prestigioso actor encarna al cuádruple femicida en “Barreda”, el nuevo estreno de Prime Video. La película expone cómo los medios casi justificaron los crímenes tras una falsa victimización del odontólogo.
Por Diego Lerer
Con más de tres décadas de trayectoria en teatro, cine y televisión, el rosarino Luis Machín se consolidó como uno de los actores más prestigiosos del país gracias a una carrera marcada por interpretar personajes complejos, oscuros y de mucha intensidad dramática. En televisión dejó trabajos memorables en Tumberos, Los simuladores, Padre Coraje, Montecristo, Mujeres asesinas y, más recientemente, en Cromañón. En cine participó de películas como Un oso rojo, Dormir al sol, El mural y Así habló el cambista, entre otras. Mientras que en teatro desarrolló buena parte de su carrera junto a referentes como Ricardo Bartís, Daniel Veronese y Cristina Banegas, entre muchos otros.
Su nuevo desafío fue interpretar a Ricardo Barreda, protagonista de uno de los casos policiales más impactantes de la historia argentina. El 15 de noviembre de 1992, el odontólogo platense asesinó con una escopeta a su esposa, Gladys McDonald; a sus hijas, Cecilia y Adriana; y a su suegra, Elena Arreche. Condenado a prisión perpetua, Barreda terminó convirtiéndose en un fenómeno mediático y social casi tan perturbador como el crimen en sí, ya que durante años una parte de la sociedad lo reivindicó como víctima de supuestos abusos de las mujeres de su casa hacia él. A la par, muchos programas de televisión y buena parte de los medios alimentaban esa construcción con una mirada atravesada por el machismo propio de la época.
Barreda, película dirigida por Daniela Goggi (El rapto), busca correrse de ese modelo y de ese relato. En lugar de volver a poner el foco solamente en el asesino, propone reconstruir la historia dándole lugar y peso narrativo a las cuatro mujeres asesinadas, cuyas voces quedaron opacadas durante décadas por la fascinación que despertó el femicida. En el film esos personajes recaen en Mercedes Morán, Carla Peterson, Maite Lanata y Margarita Páez. Y esa decisión, si se quiere, ética fue también el punto de partida del trabajo de Machín.

«Lo primero que teníamos claro era desde dónde iba a ser contada la película: dándole voz a quienes no la tuvieron», explicó el actor a Tiempo. A partir de esa premisa, Machín encaró una investigación exhaustiva sobre Barreda, aunque no para imitarlo sino para entender los mecanismos psicológicos de un hombre al que define como «totalmente vacío de sentimientos».
—¿Hiciste algún tipo de investigación para interpretar a Barreda?
—Sí. Tuve acceso a todo el juicio, leí el libro Conchita, de Rodolfo Palacios, y todo eso me fue aportando datos para pensar la construcción del personaje. Por supuesto, lo primero que teníamos era la premisa desde dónde iba a ser contada la película: dándole voz a quienes no la tuvieron, que son las cuatro mujeres asesinadas por este hombre. Tuve un interés particular en leer entre líneas los reportajes que Barreda dio cuando salió de la cárcel. Los miré con mucha atención, no por una cuestión de copia fiel, sino porque me interesaba leer entre líneas lo que después fui armando: el carácter, la forma de hablar, cómo también él se escudaba detrás de lo que llamaba una cierta disartria que decía tener y que lo hacía tartamudear por momentos.
—Más tratar de entender su carácter que copiarlo…
—No me interesaba copiarlo, partiendo además de la base de que yo no tengo un parecido físico con él. Lo que hice fue tomar algunos elementos característicos de él en esa época, como los anteojos o la forma en que estaba vestido cuando iba al juicio. Pero, sobre todo, trabajé algo del tono de voz, una especie de canchero argentino noventoso, cincuentón. Esas cosas me sirvieron mucho para construir la base de lo que él era o, mejor dicho, de cómo se lo reconocía a partir de tres o cuatro características particulares.

—¿Y cómo se hace para interpretar a alguien que puede ser considerado un monstruo? ¿Cómo encontrás algún punto de apoyo para construirlo?
—Yo no busco empatizar a la hora de acercarme a los personajes. No es la primera vez que hago un personaje que dista mucho de mi forma de pensar. Pero sí lo tomo como un elemento fascinante para mí como actor: abordar ese tipo de psicologías, ese tipo de comportamientos. En ese sentido no me alejo. Voy ahí. Voy lo más cerca que puedo, hasta donde siento que me quemo. Y si me quemo, me quemo un poco, y después me pongo alguna cataplasma…
—Era una persona muy difícil de entender, de encasillar…
—Traté de construir ese halo que él mismo generaba. Lo veo como un hombre totalmente vacío de sentimientos. Para mí fue importante observar que, salvo en un momento del juicio en el que discute con el fiscal, durante casi todo el proceso permanece prácticamente hierático. Es una persona que emana mucha presencia desde algo que aparentemente no construye, pero yo, como actor, entiendo que sí lo está construyendo. Está haciendo un esfuerzo enorme para que toda esa captación de energía esté puesta sobre él. Era, evidentemente, un observador. Como él mismo dice, las únicas veces que se lo puede sentir emocionado es cuando habla de Chaplin o de Las cuatro estaciones, de Vivaldi. En esas cosas me detuve y, a partir de ahí, lo interpreté.
—Vos atravesaste ese hecho histórico. ¿Qué recordás de aquel momento? ¿Qué te provocó cuando ocurrió y qué pensaste cuando te convocaron para hacer esta película?
—Me acuerdo de lo que había generado, sobre todo socialmente. Esa empatía que había logrado en mucha gente a partir del hecho, incomprobable, de que le dijeran «Conchita» en la casa, poniéndose él mismo como víctima, cuando en realidad termina convirtiéndose en lo que fue: un asesino. Me acuerdo de los comentarios de amigos. A mí me había generado espanto y me resultaba muy curioso cómo mucha gente recibía el caso. Después, con el paso del tiempo, uno va dándose cuenta del rechazo que terminó generando, pero sin dejar de advertir la cantidad de gente que empatizó con él y que todavía hoy sigue empatizando.

—¿Creés que un caso así hoy sería tomado de la misma manera, que esa cultura todavía sigue existiendo?
—Yo creo que todavía hay un sector de la sociedad que ampara comportamientos como el de Barreda. Empieza desde cosas como el chiste de la suegra, esa personificación de la suegra como el Mal. Un chiste puede terminar convirtiéndose en una forma de empatizar con un asesino de mujeres. Pero no solo mata a la suegra: mata a su mujer y a sus hijas. Sin duda hoy sería tratado de otra manera por los medios, porque los medios son bastante bichos y se dan cuenta hacia dónde van las tendencias.
—¿Hubo un cambio en los medios, creés vos, en ese sentido?
—Pero no porque hayan recapacitado sobre los errores que pueden cometer o sobre cómo pueden influir en la cabeza de la gente. Creo que eso sigue estando en muchos medios. Lo que sí entendieron es que algunos temas deben ser tratados con más cuidado. De todas maneras, siguen buscando dónde está la noticia y dónde está el ruido. Eso no cambió. Prácticamente no hay notas que no estén acompañadas por una música incidental que trate de conducir emocionalmente al espectador. Hay un estudio muy sistemático sobre cómo interferir en lo emocional de la mayoría de las personas. Pero también son lo suficientemente suspicaces como para darse cuenta de que algunos temas ya no pueden abordarse como antes.
—¿Cómo fue el trabajo con Daniela Goggi? ¿Te dio indicaciones específicas para construir el personaje?
—Con Daniela hablamos mucho, que es lo que más me gusta hacer con los directores de cine: tener una comprensión compartida de dónde está parado cada uno, desde dónde quiere contar la historia y qué siente que puede aportar. Intercambiamos muchísimo durante todo el proceso: antes, durante e incluso después, en la etapa de edición. No porque yo tuviera injerencia en el montaje, pero sí iba recibiendo información y hubo algunos pedidos míos que Daniela contempló porque entendía que no eran caprichosos y que, por el contrario, aportaban a la historia y a la manera de contarla. Hubo un verdadero trabajo en equipo. Ella fue una referencia permanente para mí. Escuchó mucho todo lo que yo tenía para decir sobre lo que consideraba que debía mostrarse de Barreda, aunque siempre contando la historia desde el lugar de las mujeres que no tuvieron voz . «
Barreda
Dirección: Daniela Goggi. Guión: Daniela Goggi. Elenco: Luis Machín, Mercedes Morán, Carla Peterson, Maite Lanata, Margarita Páez. Disponible en Prime Video.
De la realidad al streaming, una fórmula recurrente
La fascinación de las plataformas por las historias reales argentinas no para. En los últimos años, varios de los casos policiales y judiciales más resonantes y algunas de las personalidades más conocidas del país fueron transformados en personajes de series y películas de ficción. Uno de los mayores éxitos iniciales fue María Marta: el crimen del country, que volvió sobre el asesinato de María Marta García Belsunce. También tuvo gran repercusión Monzón, serie centrada en la vida del boxeador Carlos Monzón que incluyó el femicidio de Alicia Muñiz. Historia de un clan, en tanto, reconstruyó la historia del Clan Puccio y sus secuestros extorsivos durante los primeros años de la democracia. Entre otras series sobre hechos policiales, Nahir se ocupó del caso Nahir Galarza, mientras que Cromañón tomó como base de su trama el incendio del local de conciertos en Once. En la misma línea hay que sumar Yiya, que recupera el célebre caso de Yiya Murano, «la envenenadora de Monserrat».
La tendencia se amplió luego hacia las biografías de figuras públicas. Menem repasó la vida del expresidente Carlos Menem, mientras que Coppola, el representante hizo lo propio con la de Guillermo Coppola. Ambas ya anunciaron sus inminentes segundas temporadas. Iosi, el espía arrepentido parte de un personaje real, pero luego se amplía a la ficción pura, y algo parecido pasa con Santa Evita, similar combo de realidad y ficción. Maradona, sueño bendito y El amor después del amor (sobre Fito Páez) se suman a la tendencia biográfica que hoy tiene como representante más visible a Moria, la miniserie que lleva a la ficción la vida de Moria Casán y que acaba de estrenarse. Ahora Barreda se suma a esa lista.
Espectáculos – Tiempo Argentino



