
El Artigas antes del mito: Mariano Cabral reveló los sorprendentes e históricos orígenes del caudillo oriental
En su columna semanal titulada Pasado de revoluciones, el historiador Mariano Cabral dialogó con el periodista Sergio Centenaro sobre el surgimiento de José Gervasio Artigas.
En un pormenorizado recorrido por los años de juventud del prócer, Cabral destacó que reflexionar sobre la vida de este caudillo y el fenómeno regional de la Liga de los Pueblos Libres resulta indispensable en la actualidad para examinar “los orígenes de nuestra historia, de nuestra vida como repúblicas independientes”.
Descendiente directo de uno de los fundadores de la ciudad de Montevideo, la familia de Artigas poseía una propiedad agraria de gran relevancia. El historiador explicó que, contrariamente a las solemnes representaciones escolares, el futuro líder federal pasó su juventud, aquerenciado en la vida de campo y en la frontera, desarrollando una intensa actividad aventurera. Las primeras crónicas coloniales documentan que, durante sus primeros veinte o treinta años, Artigas se dedicó activamente al tráfico ilegal de ganado hacia Río Grande del Sur.
En ese marco de actividades fronterizas, el caudillo entabló una de sus amistades más significativas y duraderas con Joaquín Lencinas, recordado en la historia oriental como “el negro Ansina”. Cabral relató cómo Artigas rescató a Ansina en Río Grande del Sur, comprando su libertad luego de que un capitán naval lo vendiera ilegalmente como esclavo. El historiador enfatizó el valor de esta amistad, desmintiendo que Ansina fuera un mero sirviente: “el negro Ansina siempre aparece como un tipo que le ceba mate a Artigas. No era ningún cebador de mate, aunque lo cebara, no sé, pero era su amigo personal.”.
Hacia 1790, una amnistía general gubernamental le permitió a Artigas incorporarse al prestigioso cuerpo militar fronterizo de los Blandengues para saldar causas penales. En esa época, sirvió como custodio y baquiano del célebre naturalista español Félix de Azara en sus expediciones de límites con Portugal. Años más tarde, durante las invasiones inglesas de 1806, se presentó voluntariamente ante Santiago de Liniers en la plaza de Retiro, participando activamente en la reconquista de Buenos Aires antes de regresar a la Banda Oriental tras un naufragio del cual sobrevivió nadando a la costa con el correo oficial.
Al estallar la Revolución de Mayo en 1810, el Cabildo de Montevideo rechazó la autoridad de la Junta de Buenos Aires. Artigas desertó de su destacamento de Blandengues en Colonia del Sacramento y cruzó a Buenos Aires para solicitar apoyo logístico y militar que le permitiese levantar en armas a la campaña oriental contra los realistas. Su estrategia desembocó en el “Grito de Asencio”, la “Proclama de Mercedes” y su gran victoria militar en la Batalla de Las Piedras el 18 de mayo de 1811, reduciendo la resistencia española al recinto amurallado de Montevideo.
El historiador analizó la inmediata hostilidad del centralismo porteño —encarnado por Bernardino Rivadavia en el Primer Triunvirato— que desplazó a los representantes de las provincias. En respuesta a esta asfixia política, Artigas forjó su liderazgo democrático convocando asambleas de base como el Congreso de la Panadería de Vidal y el Congreso de la Quinta de la paraguaya, donde fue elegido formalmente como “Jefe del pueblo oriental insurreccionado”.
Para finalizar, Cabral analizó las disputas sobre la pertenencia identitaria de Artigas, rechazando los reduccionismos nacionalistas de argentinos y uruguayos. El historiador dictaminó de forma tajante: “tanto Argentina como Uruguay son el producto del fracaso del partido que representó a Artigas”. El prócer no persiguió la secesión uruguaya, sino el respeto absoluto por la soberanía de los pueblos dentro de la federación de las Provincias Unidas, un legado federal que aún se mantiene en disputa.



